PEZ @ Teatro Sala Opera – 20.08.2010

Nadando contra la corriente

Infinitas veces en la vida dedicamos una excesiva cantidad de tiempo a cuestiones banales. No es algo que podamos manejar, o por lo menos, la mayoría de los mortales elegimos pasar nuestras horas así, preocupados. Un mal hábito, que junto a tantos otros hacen nuestros días cargosos y oscuros. El punk –ese movimiento del que también surgieron grandes bandas, y no al revés- quizás haya sido durante los ochenta la veta más creativa del hastío adolescente, ese al que todo le parece una cagada.

Un movimiento que supuso en nuestro país audiencias ávidas de expresión, influenciando profundamente a muchas de los grupos que hoy siguen transformando la bronca en energía productiva. Y ahí está Pez. Una banda que, comandada desde 1993 por Ariel Minimal, es hoy una de las maquinarias mejor aceitadas del rock, editando 13 trabajos –entre discos de estudio, vivos y DVD- en 17 años, cambiando de formación, creando sello propio -Azione Artigianale- tocando y girando. Un camino recorrido, donde se pueden dar el lujo creativo de editar este año un disco sin título, y por segunda vez (!). Disco que respetando el ritual fue presentado en La Trastienda, y como es costumbre fue aclamado por la crítica.

Esta noche Pez presenta a Pez. Otra noche de recitales en la petit capital de la mística rockera, que espera como siempre ansiosa que la oscuridad le deje lugar a extrañas formas. “Fuerza” (Quemado, 2006) es así la mejor bienvenida posible para noches como esta. “Sería tan fácil si tuviera fe pero en vez de fe tengo fuerza”, dice Minimal, el joven; Minimal, el de la poca fe. Y no quedan dudas de esa energía hardcore que por momentos adapta órganos pop, pasando sin sobresaltos del segundo al último disco con “Latigazo”. Melodías frescas, pero sin inocencia.

Casi como una urgencia incansable, la palabra es para Pez siempre una excusa de algo: “Hay mucho para hacer, no hay tiempo para hablar”. Cambios abruptos y una batería más que encendida que nos gritan “Vamos” (Pez, 2010).

Pez – Vamos

En “Quiebran” (El Porvenir, 2009) demuestran la madura decisión de fusionar todo en una impecable y simple canción de rock. De nuevo, no jodamos, “nos definen las acciones, lo demás es bla, bla, bla”.

“Casette” (Pez, 2010) demuestra en la voz de Franco Salvador la continuidad, la marca que los distingue. Pero también la huella de una época, de una adolescencia porteña entre Cemento y la desesperanza, de todo ese pasado que siempre es testigo de lo que somos hoy.

Enseguida, el tema que dio nombre a un gran trabajo. EnLos Orfebres” (Los Orfebres, 2007) una intro donde el casi omnipresente piano eléctrico, nos avecina un viaje al amor como si fueras al calvario. “Los orfebres trabajan el metal, y es un disco en el que de alguna manera volvemos a la parte más metálica de Pez”, dijo Fabián Casas que dijo Ariel. Y le creemos, porque nunca lo pudieran haber dicho mejor, claro: ellos. Porque los orfebres son artesanos olvidados. Y Pez logró exceder los géneros fácilmente reconocibles en esos espasmos que son los discos, para configurar algo que sólo se logra con años de fogueo, un sonido propio y artesanal.

De repente, después del jazz rock pesado de “Spuistratt 249”, pasamos por “Ahogarme”, hasta llegar a “Estableciendo comunicación” (Pez, 2010), una melodía casi romántica que nos recuerda al Spinetta de Pescado. Y un pedido casi desesperado: “Si pudiera hacerte sentir lo que siento”, esa necesidad conocida e imposible de estar en el otro.

La noche avanza, y ahora los lujos que hay que darse en vida. “Adónde está la libertad”, se preguntaba Pappo. Fósforo García lo reversiona, y el Carpo está ahí, porque no se podía perder una noche con tanto de su mística en el aire.

De “Volar…” a “Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar” (El sol detrás del Sol, 2002), a ese momento que es el cuerpo. “Dame tres horas, dame razón y dame pizza fría”. No hace falta más cuando está todo dicho.

Pez – Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar

Pero parece que no está, que va a ser imposible bajar, que la energía va a quedar siempre allá arriba, lejos y nosotros ahí, pretendiendo algo que esté por terminar.

Porque intentando entender nuestras acciones, en esa vorágine tan parecida al rock, en la que nunca estamos conformes con nada, a veces nos sorprendemos disfrutando de cosas simples. Simples como la energía de un recital, como la belleza de letras que hablan de nosotros, de un pez que nos recuerda que a veces, nadar contra la corriente puede ser llevadero.